No hace un mes que Jan Andrews me escribió una carta que empezaba: Tengo cáncer de pulmón y es incurable. Sin tratamiento, puedo llegar a vivir de 3 a 4 meses. Con tratamiento, tengo un 50% de posibilidades de llegar al año.  En algún lugar decía: El amor es crucial. En otro: Creo que lo único que podemos hacer en momentos así es ser lo que fuimos toda la vida. Es nuestra partecita del mundo y nuestro trabajo es ocuparla lo mejor posible, hasta el final. Y terminaba: Falta un año, para que mi año se cumpla. Hoy estoy y te quiero. El sol brilla y el lago es espléndido.

Desde que la leí, no encuentro ninguna palabra que la nombre entera. En Buenos Aires, la nombraba como mi maestra. Pero no alcanzaba. Empecé a decir mi maestra y mi mentora. Tampoco. Mi amiga. Mi familia. Sí, también, pero tampoco. Probé con oraciones que empezaban: “Jan fue la que …”, “Sin ella, yo nunca hubiera…”, “Ella fue la primera persona que …” Y terminaba contando todo lo que me acordaba de ella. Pero ni aún así.

No hay una sola palabra que la abarque. La que más se acerca es tierra. Tierra mía. Fundacional. Sagrada. Así es la tierra que ella se volvió en los adentros. Tierra que pisé para hacer pie en mí misma. Sin ella, no habría podido caminar hasta lo más luminoso de mi partecita del mundo. De mí.

Quizá porque la nombré tanto cuando estuve en Baires, siento que mi Argentina entiende esto mejor que mi Ottawa. O será que sentimos más parecido. Ahí busqué el abrazo, desde que leí esa carta. Y el único idioma en que pude llorar fue en castellano. Y en castellano, y de Baires, llegó el abrazo hondo. De tantos.

El último, Peldaños, de Herman Hesse, el abrazo de mi maestro, Juan Moreno. Que termina: Nunca habrá fin para el llamado de la vida. Entonces, despierta corazón y la salud recobra. Porque el amor es crucial. Porque lo único que podemos hacer en momentos así es ser lo que fuimos toda la vida. Porque nuestro trabajo es ocupar nuestra partecita del mundo lo mejor posible hasta el final. Y porque falta un año para que el año de Jan se cumpla. Porque hoy está. Y la quiero. Y el sol brilla y el lago es espléndido.