Ansié una noche, después de diez años de vivir en Canadá, vida en Argentina. Camino, monte, bosque, lago, río en Argentina. Ansié la gloria y la belleza que en mí sembró Canadá, pero acá en mi Sur. En castellano. Ansié, sobre todo, reconciliar mis dos voces y mis dos tierras.

Amaneció.

Y me vine.

De a poco, me iré poblando.

De imágenes. De historias. De posibilidades. De verdaderos compañeros de ruta con quienes ya estamos abriendo caminos. De verdaderos compañeros de ruta a quienes todavía no conocí. Y puesta acá en Buenos Aires, me están creciendo raíces que me fijan con fuerza en las alegrías y los sueños, que también crecen y cobran forma.
Sueño con habitar una Argentina más vasta que esta Buenos Aires nuestra. Sueño con narrar esa Argentina que anhelo, paso a paso, viaje a viaje, vivir y construir.

Esta es la aventura. ¡El trabajo! El amor.

Y aquí estoy, por fin, agradecidamente plantada en el sueño firme de mi vida. Despierta. Soñándolo. Como dice un compañero de ruta: ¡Seguimos! Como dicen mis compañeras: ¡Con alegría!