AmnestyCorría marzo de 2011 en Buenos Aires. Acababa de poner en últimas palabras Landscapes of Silence, el unipersonal con el que las Two Women Productions estaban a punto de inaugurar su primera temporada. Les mandé el texto. Lo celebraron. Quedamos en empezar a ensayar ni bien aterrizara en Ottawa. Estrenábamos el 15 de abril. No faltaba ni un mes: ¡pero teníamos las palabras!

Landscapes cruzaba la geografía del terrorismo de estado para llegar adonde la mordaza pública se encrucijaba con la privada. Contaba el fin de un silencio. Con mis palabras. Porque la historia era mía. Mío, el silencio. Tanto así, que en el primer ensayo, ¿a mis palabras? no pude darles voz. Lo que en imprenta era luz, en el decir, era niebla. Lo cortés que había quitado lo valiente. Fuck!

Las Two Women me hicieron trabajar la voz física con obstáculos: contar Landscapes mientras me tironeaban en direcciones opuestas; contar Landscapes, empujando muebles, la pared, a ellas; contar Landscapes (y que se escuchara, eh) amordazada, y atada de pies y manos. ¿Los ensayos siguientes?  ¡Fuck lo cortés! Y el 15 de abril, estrenamos lo valiente.

En mayo de este año, Amnesty International me contrató para interpretar a María Patricia Tobon Yagari, abogada y defensora de los pueblos indígenas de Colombia. Del 21 al 24 de mayo, se iba a reunir con altos funcionarios del Ministerio de Asuntos Extranjeros, senadores, diputados, Lawyers Without Borders y MiningWatch. La ronda de entrevistas cerraba con una conferencia de prensa televisada. ¿El objetivo?

Solicitar al Gobierno de Canadá que, en virtud de las obligaciones extraterritoriales de los estados, investigara el actuar de sus empresas y tomara las medidas pertinentes para proteger los derechos humanos que se están violando a consecuencia de su política extranjera con Colombia. ¿Le quitamos los cortés?

El Estado Colombiano concesiona tierras en reservas indígenas a empresas mineras de capital canadiense, para que instalen economías extractivas mediante incursiones armadas, la usurpación violenta de tierras indígenas legitimadas por la Corte Constitucional de Colombia, el desarraigo forzado, bombardeos y asesinatos. ¿La Conquista sigue, los gentilicios cambian?

Corría el 16 de mayo. El pasaje de avión estaba comprado. La intérprete, contratada. La agenda de reuniones, confirmada. ¿La visa de María Patricia Tobon Yagari, en trámite, en la Embajada de Canadá en Colombia?

Denegada. Amnesty interpuso todos los recursos aplicables. La Organización Nacional Indígena de Colombia envió una declaración. Otra vez teníamos sólo las palabras. La visa la tuvimos cuando se estimó que era tarde: lo suficientemente tarde como para que la voz indígena de Colombia no se escuchara.

Para ese entonces, Canadá dado por perdido, Patricia ayudaba a defender un relleno sanitario del norte donde se había refugiado una comunidad indígena amenazada.  Pero hay un Canadá que no se da por perdido. Hay un Canadá que la rastreó, la ubicó y la sentó en frente de la única computadora en kilómetros a la redonda. Y el miércoles 22 de mayo a las 15.00 en la sala llena de Amnesty, el pueblo indígena gritó ¡presente! Por Skype. En la voz de su abogada.

Gritó porque la conexión era quebradiza, como la institucionalidad del estado colombiano. Precaria, como la responsabilidad corporativa. Frágil, como los derechos humanos. O sólo silencio, como la reacción del gobierno canadiense.

Gritó para que su voz se alzara por sobre la estática, las interferencias, los bombardeos, los asesinatos, los landscapes of silence de tantas geografías. Gritó, empresa minera más, pueblo indígena menos, las mismas palabras que rezaba – rezaba – su declaración: gritó lo cortés. Y será que tantos eran los obstáculos, que fuck lo cortés! escuchamos lo valiente.